sábado, diciembre 18, 2004
Una de las tristezas más tristes del mundo.
Ya no entiendo más nada. No sé si hay o no un dios que maneja nuestras vidas, pero si lo hace... por qué se la agarrará con gente que no jode a nadie. Y trato de entender, pero no, no entiendo, no en-tien-do.
Parece mentira. No quiero creerlo, no quiero que sea verdad, pero es, y estoy tristísimo. El flaco Ventu no jodía a nadie, todos los días nos reiamos con él en vestuario, por los pasillos del htal. Siempre con alguna historia, su café a media mañana con facturas, hasta nos pegó sus latiguillos, su forma tan especial de hablar... estirando las vocales (pero cuando se imitaba a si mismo, no le salía) Siempre llegando temprano, cebándole mates a todo el que quisiera uno, a mí me ponía las pilas, me hacía reir a las 7:00 a.m., esa hora en la que todavía estamos putiando del sueño que tenemos...
Y ahora no va a estar más, ahora alguien nos lo mató, por una bici de mierda. Por una puta bicicleta, como diría él. Y no sabemos cómo fue, pero fue, es nomás y yo no quiero creer. Todavía me resisto a creerlo, quiero pensar que voy a llegar el lunes y que va a estar boludeando otra vez, que todo fue una mentira.
No eramos grandes amigos, pero era un compañero, un personaje de aquellos... un tipo macanudo. No merecía morirse así. Él no, justmente él no. Y a todos nos mataron un poco.