sábado, febrero 14, 2004
Julio, enormísimo cronopio...
La cosa sería así, hoy salí con ganas de escribir, de mandar mails. Debo ya unos cuantos y hoy empecé a extrañar a un par de amig@s que andan lejos (de vacaciones o viviendo afuera) y va a ser una tarde larga parece, son muchos y mañana no se... Bueno hasta ahí una cosa, pero hasta hace unos días atrás no entendía por qué me gustaba tanto redactar mails (supongo que si no fueran e-mails serían cartas de puño y "letra" (que también las hago, si es que es totalmente necesario))
¿A qué venía todo esto? Bien, si se fijan en las fotos de la side bar verán la foto de Julio Cortazar. Si me conocen un poco ya sabén cuanto me gustan sus cosas. Creo que es mejor y siempre les llevó varios cuerpos a todos. Pero se nos fué en 1984, y como acá (no sé si en todos lados es así) nos gustan tanto los numeros redondos, hán declarado (supongo que la secretaría de cultura, pero en Europa también) han declarado este 2004 el Año Cortazar . Y nos estan bombardeando por todas partes, con miles de cosas...Y yo encantado. Hace un mes me compré, con muchas dudas, el Tomo I de sus cartas (con miedo porque uno no sabe cómo son los escritores redactando misivas) Pero ya no me quedaba casi nada de él por leer, salvo tooodos sus poemas, pero la Poesía... no, nunca me llenó.
Y tenía que ser Cortazar el que me hiciera entender por qué me gusta tanto escribir mails... Y él escribia esto a un amigo en 1942:
No sé escribir a un amigo si no dispongo de cierto clima interior- determinado muchas veces por elementos exteriores: paz, ciertas músicas, ciertos aromas- que me dicta las justas palabras que un amigo debe recibir de mi. (...)
Desde hace muchos, he pensado que una carta no es el mensaje intrascendente que se redacta presurosamente y sin otra finalidad que la información efímera y circustancial; por el contrario, una carta ha sido para mi un rito, una consagración tan atenta como la labor esencialmente creadora; sin la tensión, es cierto, que supone el poema; sin su desgarramiento, sus impaciencias, sus placeres indescriptibles ante el hallazgo o la esperanza de logro poético. Pero siempre una ceremonia un poco- ¿como decirlo?-, un poco sagrada; un acto con contenido trascendente. Comprendo muy bien que muchos hombres hayan dejando mejores cartas que libros; es que, quizá sin advertirlo, ponían lo mejor de sí en esos mensajes a amigos o amantes. Yo he escrito muchas cartas y, fuera de las estrictamente circunstanciales (que no sé pueden evitar muchas veces), he dejado en cada una de ellas mucho mas de mí, mucho de lo mejor o peor que hay en mi mente y en mi sensibilidad, y lo curioso es que bien sé el desitino de esas cartas; el afecto de quienes las reciben les guardará acaso un cajón, las páginas de un libro... Pero todo ello es momentáneo, una correspondencia asi, dispersa y sin fines literarios esta condenada a la extinción absoluta, fatal (..)
Si me consagro tan enteramente a ellas- bien sé que las sé perdidas para el futuro - ¿será porque al escribirlas espontáneamente sin preparación ni borradores de ninguna especie, las convierto en las más auténticas expresiones de mi ser?. Odio las cartas "literarias", cuidadosamente preparadas, copiadas y vueltas copiar;, yo me siento a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y los afectos. Quiza por eso, porque reconozco el valor humano de cartas así, es que le doy una importancia grande en mi recuerdo. No las releo, naturalmente, ni las releere nunca; uno no va a buscar a un amigo o a una querida para decirle: "Trae mis cartas, que quiero leerlas". (...)
Entre una carta y su autor se produce una separación total; es como enviarla a la luna, ol siglo V antes de Jesucristo, ¿verdad? Pero uno sabe cuando las ha escrito, como las escribo yo, que una parte del propio ser ha sido entregada con cada página, con cada línea.
Buenas salenas cronopios cronopios.